Ritual de la pelota
Y me vestí de blanco con faja colorada y sentí el tacto seco del cuero entre las manos.
El primer pelotazo fue un severo volar del cuerpo hacia el misterio esférico de un bote; un salto, una cabriola y salió la pelota resuelta al desafío buscando a mis rivales.
El pecho en trance vivo, las piernas en el vilo celoso que custodia el ancho, el txoco, el fleje, el área de la cancha como un feudo casero y la sangre que pulsa con la ciencia del brazo.
Así estaba mi vida, alerta en la jugada, pendiente de mis manos, aspirando a bocados los flujos populares de la tierra y del viento, la vieja inteligencia rural del albedrío.
Viejo juego del hombre que juega con el mundo metido entre la mano, viejo mundo estrellado con la fuerza sedosa del artista pedrestre. Brutal golpe del alma que choca en las paredes y rebota hasta el pecho entre sudor y aliento sucio de esparadrapo, sufrimiento, alpargata que resbala en un baile sin resuello y se pierde entregada a la plétora de las manos azules... Y gozar del gobierno las tardes inspiradas, gozar con la pelota súbdita de mis manos, llevarla poderosa al pecho del contrario, dejarla en un terreno de nadie que es victoria... volearla, pararla, amasarla al antojo de un artista soberbio con la estampa del temple natural y redondo que suena en los frontones.
Y final sentir el triunfo de una noble batalla estrechado en las manos que han sufrido conmigo.
Desiderio C. Morga.
Fuente: REVISTA EUSKAL PILOTA/PELOTA VASCA, por cortesía de Ediciones Anuales Empresariales S.L.


